Cuando en una familia alguien se enferma durante un período prolongado y debe guardar reposo (por ejemplo, tras una operación quirúrgica importante, o cuando un anciano ya no se puede movilizar por sus propios medios), al cabo de un breve tiempo los familiares comienzan a notar varios cambios negativos en el humor del enfermo: mayor ansiedad, agresividad, depresión, bronca, rebeldía, desesperanza, victimización, o quejas permanentes.
Al principio, la familia sobrelleva estos cambios con cierta comprensión. Luego, a medida que pasa el tiempo, suele comenzar a enojarse con el enfermo, y hasta a retarlo: ‘Te cuidamos lo mejor posible ¿Por qué estás todo el día malhumorado?’.