Al dormir, el sueño se convierte en un reparador natural del desgaste global presente en cada jornada que sufre cualquier persona, eliminando o disminuyendo el cansancio acumulado a lo largo del día y propiciando tanto el descanso físico como el mental.
En lo concreto, esto significa que, al despertar, experimentamos no sólo una renovada energía física sino que también advertimos que nos encontramos más estable emocionalmente, de buen humor y prácticamente sin nervios.
